The paradox of our time in history is that
we have taller buildings, but shorter tempers; wider freeways but narrower viewpoints.
We spend more, but have less. We buy more, but enjoy it less.
We have bigger houses and smaller families; more conveniences, but less time;
We have more degrees, but less sense; more knowledge, but less judgment;
more experts, but more problems; more medicine, but less wellness.
We drink too much, smoke too much, spend too recklessly, laugh too little,
drive too fast, get too angry too quickly, stay up too late, get up too tired,
read too seldom, watch TV too much, and pray too seldom.
We have multiplied our possessions, but reduced our values.
We talk too much, love too seldom, and hate too often.
We’ve learned how to make a living, but not a life.
We’ve added years to life, not life to years.
We’ve been all the way to the moon and back,
but have trouble crossing the street to meet the new neighbor.
We’ve conquered outer space, but not inner space.
We’ve done larger things, but not better things.
We’ve cleaned up the air, but polluted the soul.
We’ve split the atom, but not our prejudice.
We’ve learned to rush, but not to wait.
We plan more, but accomplish less.
We write more, but learn less.
We build more computers
to hold more information
to produce more copies than ever,
but have less communication.
These are the times of fast foods and slow digestion;
tall men, and short character; steep profits, and shallow relationships.
These are the times of world peace, but domestic warfare;
more leisure, but less fun; more kinds of food, but less nutrition.
These are days of two incomes, but more divorce;
of fancier houses, but broken homes.
These are days of quick trips, disposable diapers, throw-away morality,
one-night stands, overweight bodies, and pills that do
everything from cheer to quiet, to kill.
It is a time when there is much in the show window
and nothing in the stockroom;
a time when technology can bring this letter to you,
and a time when you can choose either to share this insight,
or to just hit delete.
George Dennis Patrick Carlin (5 de mayo de 1937 – 22 de junio de 2008) fue un cómico, actor y guionista estadounidense considerado uno de los más influyentes y provocadores de la historia del stand-up comedy. Conocido por su humor intelectual, satírico y a menudo polémico, Carlin abordaba temas sociales, políticos y religiosos con una brillantez afilada y un lenguaje crudo que lo convirtió en controvertido pero también muy querido por un público amplio y fiel. Nacido en Nueva York, Carlin comenzó su carrera en la década de 1950 como cómico en locales de comedia. A lo largo de las décadas de 1960 y 1970, obtuvo gran éxito con sus álbumes y especiales televisivos, convirtiéndose en una figura icónica de la cultura estadounidense. Entre sus obras más celebradas se encuentran el álbum "Class Clown" (1972), que lo consagró como uno de los cómicos más originales de su tiempo, y el monólogo "Seven Words You Can Never Say on Television", que le llevó a un juicio por obscenidad en 1972. Carlin también actuó en películas y series de televisión, demostrando su versatilidad artística. Su influencia en el mundo del stand-up comedy es inmensa, con muchos cómicos contemporáneos que reconocen su genio y su capacidad para empujar los límites del humor.
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